
A veces elevo mi voz y canto; canto siguiendo los latidos de mi propio corazón, nota a nota a la vez. Dejando que mi voz salga y arrase al viento. Que mueva árboles.
A veces en cambio soy un silencio personificado, formado de pequeños silencios ajenos, oculta en mi mente, perdida en mis pensamientos.
¡Oh pero cuando dejo salir mi voz, ahí me siento viva. Ahí encuentro un verdadero sentido!
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