He estado en el poder, y como mala soberana de mi alma fui derrocada de mi trono, aprendí a volver a caminar como plebeya y saber que no siempre es bueno llegar a embriagarse tanto con el poder de una reina sin súbditos.
Probé de todo un poquito, todos los perfumes de las flores y todos los sentimientos estúpidos que pude llegar a sentir. Y ahora solo intento sobrevivir a las adicciones que me he creado. Me gusto llevarle la contra a mi alma e intentar ser lo que jamás podría llegar a ser.
A veces maldigo ciertas cicatrices, pero en el fondo me alegro de que esas pequeñas marcas me hayan hecho crecer… Y aunque haya crecido a los golpes y de mala gana, ahora soy lo suficientemente fuerte como para seguir viviendo.
Tal vez ya no quede esa risa que alguna vez me caracterizó, ni las ganas de correr y dejar que el viento juegue con mis emociones. Soy quien ha cambiado demasiado, y jamás volveré a ser quien fui, por que cometí errores que no debería haber cometido y pago las consecuencias de la mejor manera que puedo.
Esta es la primera vez que me siento tranquila después de tantos años de ajetreos infundados. Esta es una tranquilidad que nunca llegué a tener.
Sé cuan equivocada he estado, cuantos errores he cometido y todos los malos hábitos que llevo todavía sobre mi espalda. Pero después de todo lo que ha pasado me siento nuevamente libre, parece que he aprendido de las estupideces que hice, las que he dicho y las que he pensado.
Tengo una mente vieja pero joven aún, y pase lo que pase ahora en adelante con todos estos caminos que me abren sus puertas sé que no me volveré a perder. No volveré a perder mi religión…
Todavía estoy viva y eso es a lo que todo se resume, a que estoy realmente viva después de tantos años. Y no comenzaré de nuevo, simplemente seguiré andando mi camino y con cada nueva pisada dejaré atrás aquella intoxicación de ideas.
ESTOY VIVA…