Siento algo muy extraño, inexplicable, una mezcla entre la alegría y la tristeza que me mantiene en vilo; un pensamiento que fluye por lo desórdenes de mi conciencia.
No podría explicarlo con palabras.
Siempre intento escribir todo lo que siento, aunque a veces siento demasiado y todo eso no puede volcarse en papel y mucho menos en un blog.
Estoy allá arriba, parada sobre una cornisa, con los brazos abiertos, y suena mi canción favorita; puedo sentir en viento golpeándome, escucho a la gente gritar abajo, y solo sonrío. Y siento como un mundo está frente a mí, como todo desaparece, lo bueno y lo malo, que todo cambia y se vuelve a recrear en otro plano, estoy allá arriba, más cerca del cielo, más feliz de lo que he sido en mi corta vida. Allá arriba siento todo, siento, que es eso lo que más me cuesta en mi cotieaneidad.
Estoy luchando con mi espada de papel contra la adversidad, todos los días, y aunque duela, aunque este cansada, todos los días empuño esa espada con orgullo, que es lo que siento de mi misma.
Estoy tan perdida, en esta encrucijada de caminos, en este bosque oscuro y tenebroso, pero aún así me siento orgullosa de empuñar la espada. Con todo el miedo del mundo voy a seguir avanzando.
Tengo ese impulso, esa practicamente compulsión de salir corriendo, correr y correr, viajar por un mundo que no conozco, dejar todo atrás. Quiero romper los barrotes de esta jaula, abrir mis alas nuevas y volar, salir y ver los nuevos brotes de primavera.
A veces desearía que alguien comprenda lo que significa abrazar a tu padre, a tus amigos y no sentir nada, sin amor, sin apego sin nada. Sentir como un vacío reina sobre mi corazón. Ese vacío desaparece cuando escribo, cuando comienzo a caminar, cuando tomo mis propias decisiones, ese vacío desaparece.
Y como ahora, en esta verborrea, en este instante, mi mente viaja más allá de mis propias palabras, y siento esa pasión que creía olvidad, siento como la sangre corre por mis venas, como el oxigeno me nutre. Siento todo.
Por que por el día solo soy una autómata, haciendo lo que me mandan, respondiendo lo conveniente, sonriendo como se debe. Pero por las noches todo en mí cambia, comienzo a sentir, todas las emociones, las lindas y las horrendas, todas. Vuelvo a ser yo misma. Escribiendo, dedicando tiempo a vagar por el infinito de mi mente, consumiendo mi vida en mis vicios sanos y no tan sanos, sacando chispas al teclado. Ahora, en este instante, soy yo misma.
Tennessee Williams escribió una vez:
"Siempre hay tiempo para marchar aunque no haya sitio a donde ir"...
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