lunes, 8 de febrero de 2010

Me siento extraña al estar sin hijab...

Los días se burlan de mí siendo extremistas, unos pasan tan rápido que no consigo respirar y otros como hoy están en un lento letargo, disfrutando de mi mirada posada en los relojes.
A veces me pregunto que pasaría si dejo de hablar, ¿Alguien seguiría escuchándome aunque no salga ninguna palabra de mi boca?
Creo que nadie me escucharía, por que no tengo a nadie que quiera escucharme a pesar de que no hable.
No estoy diciendo que nadie me quiere ni nada que se le parezca. Pero eso no quita que a veces me sienta demasiado sola. Estos días han sido un poco calamitosos, tengo demasiadas preguntas y no tengo a quien preguntar. No sé quién miente, pero tampoco estoy segura que querer saber la verdad.
Siento desconfianza hacia lo que me rodea y un peso en la garganta que no me deja. Paso mis días como una autómata, haciendo lo que me mandan y obedeciendo pacíficamente. Mis únicos momentos tranquilos y felices es el tiempo que paso con mis amigos o cuando paso a formar parte del libro que estoy leyendo y olvido que esta vida es mía.
Son momentos de inexplicable esperanza comprimida. Sé que todo está bien, y que lo que no lo estaba tanto mejora favorablemente, sé en quién puedo confiar y de quienes me debo alejar. Pero me siento incompleta. Mi alma reclama cosas opuestas a la vez y no quiere conformarse con dejar el tiempo pasar.
No conozco a esta persona que el tiempo y la tristeza formo. No puedo reconocer mis ojos en el espejo y mis manos parecen frías y distantes. Intento explicar con palabras este sentir, pero creo que solo logro confundir a quien o quienes leen esto.
Necesito que alguien comprenda el silencio para dejar de sentirme tan vacía, necesito un alguien que no existe.
Estoy curada de espanto ante la realidad. Pero no puedo obviar el hecho de que existo y tengo una familia que demanda. A veces el simple hecho de contestar con una sonrisa ante la conversación banal me es imposible. Cuando me siento a almorzar se me van las esperanzas de que todo alguna vez cambie, tanto deseo escuchar una animada conversación de parte de los que solo comen con la vista clavada en el plato que termino con la comida hecha un nudo en el estómago. Pocas veces me rió de verdad, y en esos momentos realmente soy feliz. Me gusta encerrarme en mi mente y dejar que los pensamientos y ese suave movimiento de las ramas rijan los instantes. Mis piernas suelen temblar demasiado últimamente pero todavía no logro saber si son por el cansancio y el peso del alma o por los nervios color de rosa que suelo sentir.
Otra vez me encuentro escribiendo incoherencias sin poder dejar de pensar en ese vals de piano que escuché hoy por la mañana. Otra vez intentando explicar con palabras lo que solo alguien podría interpretar en silencios.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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